
Sobre Maritza López-Lasso
Por Maribel Montoya
Abril 2002
(Album de fotos abajo)
Cuando Maritza me pidió hacer su presentación me sentà profundamente halagada. Sé que lo hizo porque piensa que de alguna manera la he ayudado en su maravillosa aventura. Cualquiera que la conozca sabe perfectamente que eso no puede ser cierto, que ella se basta y se sobra para llevar a cabo la actividad que se proponga sin la ayuda de nadie.
Sinceramente, confieso que lo único que yo he hecho ha sido contagiarme de su optimismo y de su vitalidad, sentarme en un rinconcito a observarla y aplaudir de vez en cuando.
 A Maritza la conocà un miércoles en nuestro Club del Libro en Español, de las Naciones Unidas. Ella venÃa a buscar su ración de lectura para la semana. No recuerdo que nadie nos presentara, pero como ninguna de las dos tenemos problemas de relación, al momento charlábamos amigablemente.
Lo primero que me dijo después de su nombre, Maritza López Lasso, y de que era natural de Panamá, concretamente de la provincia de Coclé, fue que la prioridad en su vida era su familia, su hija Eva, una deliciosa jovencita, Yann un alegre deportista soñador, de quienes Maritza se siente tremendamente orgullosa y su marido Eric, de nacionalidad francesa para quién ella siempre tiene palabras de admiración, de respeto y cariño.
Inmediatamente después añadió, y en mi tiempo libre me dedico a escribir. –Ah! eres escritora– le dije. –No, sólo escribo, no seré escritora hasta que no publique un libro, he escrito poemas, relatos, varias novelas, tengo una completamente terminada, estoy en conversaciones con varias editoriales, serÃa estupendo que me lo publicaran. Es el sueño de mi vida–. Comentó
PonÃa tanta ilusión cuando hablaba, tanto de su vida familiar como de sus aspiraciones intelectuales, lo hacÃa con tanto énfasis que me dejó asombrada y pensé que Maritza era de esas personas a las que a una le gusta conocer. Dicen que a veces el mundo se detiene y que hace falta que llegue alguien, lo agite un poco y lo haga volver a funcionar. Intuà que ella era una de esas personas.
Y creo que no me equivoque, ya que en nuestros sucesivos encuentros, casi siempre en el club del libro, se mostró dinámica, vital, activa, con ganas de agradar, de ayudar. AparecÃa ella y lo revolucionaba todo.
Sin embargo me explicó que de niña era un poco retraÃda, introvertida, tÃmida. De esas que todo lo ven, todo lo observan y callan. Recogen información, la archivan en su cabeza y la guardan (quizás el dÃa de mañana llegan a ser escritoras famosas).
Sus hermanos, ella era la segunda de seis, la acusaban un poco de ser la preferida de mamá y de papá, y es que para sus padres, ella y su hermano Luisito eran los más estudiosos y obedientes.
Y por ser obediente y satisfacer a sus padres, fue por lo que contrariamente a lo que a ella le hubiera gustado (querÃa ser actriz de teatro) hizo una carrera técnica. Se licenció en IngenierÃa Civil por la Universidad Tecnológica de Panamá, donde más tarde impartirÃa clases de Elementos de Mecánica y Mecánica de Suelos.
Allà conoció a Eric su futuro marido, quien también impartÃa clases en la misma universidad, cumpliendo una cooperación entre Francia y Panamá. Se conocieron, se enamoraron y se casaron y se fueron a vivir a Paris.
En ParÃs, Maritza, siempre inquieta y dispuesta a aprender, obtendrÃa su Master de Ciencias Técnicas de Edificios en la “École des Ponts et des Chausséesâ€. Al mismo tiempo quiso hacer realidad uno de sus sueños, entrando a formar parte de un grupo de teatro amateur, aunque por diferentes causas, quizás fuera por su marcado acento latino, la experiencia no le resultó del todo satisfactoria.
De Francia pasaron a Italia y al poco de llegar, sin haber tenido prácticamente tiempo de instalarse ni siquiera de entablar amistad con nadie, nació su primogénita, Eva. Y fue entonces cuando Maritza tuvo la necesidad imperiosa de escribir. Relatar lo que en aquellos momentos estaba sintiendo, le servia de ayuda para asimilar el cambio radical de su vida y poder asà afrontar y disfrutar plenamente de su recién estrenada maternidad.
EscribÃa, leÃa y releÃa sus escritos y, se sentÃa satisfecha. Ella misma se asombraba de su capacidad para transmitir todo lo que sentÃa. Pero eran escritos Ãntimos, sentidos, un poco melancólicos. Jamás los publicaré –asegura. Pero poco a poco fue creando personajes de ficción, les daba vida, se introducÃa en ellos de manera que podÃa ser varias personas a la vez, asà desarrollaba sus dotes de actriz porque era como si tuviera su propio grupo de teatro. Y lo sigue haciendo en la actualidad. Instalados definitivamente aquà en Ginebra , escribe y cuando el personaje es un hombre, se mete en su piel y actúa como tal, y lo mismo si es una mujer, o una bruja malvada o un niño inocente etc. y cuando acaba de escribir algo de ella queda en sus personajes y viceversa.
 Pero por suerte siempre sigue siendo la misma, soñadora extravertida, original, amigable. Tiene un fÃsico agradable, podrÃamos decir que es guapa, ella dirÃa bella, pues en fin; diremos bella. Pero para muchos es mucho más bella por dentro. Las personas que la conocemos lo sabemos y las que no la conocéis no tardarÃas mucho en daros cuenta porque es transparente. Defiende a capa y espada su mundo, su personalidad, su forma de ser, de relacionarse, incluso de vestir. Diseña su propia ropa y también la confecciona, escoge colores vivos y brillantes, un poco provocadores, y se complementa con collares espectaculares. A veces reconoce que es un poco atrevida, pero se justifica y dice: –Si me miran, el problema nunca es mÃo, siempre es de la intolerancia de los demás–.
Recuerdo que un dÃa se presentó vestida muy convencional a una cita conmigo y yo le dije: –¡Que elegante vienes!– y me contestó: –¿Te has fijado? vengo discreta, pero es para no desentonar contigo–. A mà me hizo gracia y fijaros como vengo yo hoy, es en su honor y para no desentonar con ella. (Llevaba una falda estampada y un collar de tres vueltas).
Y para terminar me gustarÃa leeros un poema suyo que cogà sin su permiso de entre sus papeles, no sin antes decirle: Sra. Escritora, (hoy en la presentación de su primer libro puedo ya llamarla asÃ) la felicito de corazón y le deseo todo el éxito que usted se merece.
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